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Review concierto powermetal.cl

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Review concierto powermetal.cl

Mensaje  Admin el Lun Mar 18, 2013 4:39 am

http://www.powermetal.cl/reviews/live-reviews/sonata-arctica-15-03-1

A estas alturas Sonata Arctica ya es todo un clásico, uno de esos indiscutidos. Pasan los años, pasan los discos, pasan los estilos esgrimidos por ellos mismos y sin embargo siguen allí, posicionados entre los regalones del fanático chileno. Recuerdo la sensación que tenía durante las horas previas al anterior concierto de los finlandeses en Chile, en octubre de 2010: ¡no tenía idea de qué esperar en cuanto a convocatoria! Un disco no muy sólido (para mí) era lo que venían a presentar en ese entonces, mas la cuantía de la audiencia fue más que aceptable. Hoy, dos años y medio más tarde, la sensación era similar. Esto porque, si bien el disco que hoy vienen a presentar, Stones Grow Her Name, es considerablemente más sólido que el anterior, no estaba seguro de si podría despertar el interés definitivo de la fanaticada con él.
Y el siguiente punto es a donde quiero llegar: Sonata Arctica podría sacar un disco de regetón (o como diablos se escriba) y sus fans responderían igual. Ojo: no quiero decir que Stones Grow Her Name sea un disco de bajo nivel, para nada. Estoy diciendo que el hecho de que sea excelente o flojo, no parece ser lo relevante. La gente simplemente quiere verlos a ellos y punto. Además, se trata de una banda con una importante carga emocional y nostálgica asociada: muchos iniciaron sus andanzas por los caminos del Power Metal de la mano de Sonata Arctica (y otras bandas). Dicho esto, no es de extrañar que la respuesta de los seguidores de los oriundos de Kemi haya sido sorprendentemente favorable. Claro, no es que la galería del Caupolicán estuviese rebosante de gente al punto que ésta se estuviese cayendo por sobre las barandas, no, pero sí llegó un número importante: algo más de 2500 personas. Bastante aceptable considerando todo lo anterior y la seguida de shows que se vienen.
Pues bien, incluso una hora antes de iniciarse el concierto, la cantidad de gente ya era mucha, y se preveía que llegada la hora pactada ésta aumentara más. Así no más fue. A eso de las 21 horas la cancha del Caupolicán lucía completamente llena, repleta. En galería, por otra parte, la gente se agolpaba en las primeras filas y en el sector central. Ya entonces el ambiente era extraordinario. Cada cinco minutos alguien liberaba tensiones con un grito que luego todos seguían, y en eso estábamos cuando algo muy especial sucedió: un grupo de muchachos del Club de Fans subió hasta lo más alto de galería, a la derecha, y allí extendieron una enorme bandera chilena. Era tan grande que tenía el mismo tamaño de los típicos telones que cubren el fondo del escenario. Esto, por supuesto, sacó muchos aplausos. Una fiesta. Así llegamos a las 21, cosa que se hacía evidente al son del cántico “¡Son las nueve! ¡Son las nueve!” Sin embargo el show no empezaba y la gente ya se impacientaba.
La tranquilidad… ¿“Tranquilidad” dije? Más bien la –euforia– llegó exactamente a las 21:08, cuando comenzaron a sonar los acordes del interludio instrumental de Wildfire, Part III – Wildfire Town, Population 0 que sirvió como introducción. Ensordecedores gritos avivaban la incertidumbre sobre quién saldría primero a escena. Aquél fue Tommy Portimo, quien con apenas un movimiento de sus brazos duplicó la estruendosidad de los alaridos. Similar situación ocurrió con el segundo en salir: Tony Kakko, genio y figura. Llevaba consigo una cámara de video, para registrar el recibimiento del respetable. ¡Y vaya qué recibimiento! El cosquilleo en los pies producto de las vibraciones provocadas por los gritos era muy notorio. Después, casi al mismo tiempo aparecieron Elias y Marko, y finalmente Henrik.
¡Todo preparado y dispuesto para iniciar! Y la elección para abrir fuegos fue, como era de esperarse, una proveniente del último disco: Only the Broken Hearts (Make You Beautiful). Excelentemente recibida. Reconocible desde el inicio gracias a su inconfundible riff y el piano que le sigue, la gente enseguida se rindió sin condiciones ante ella. Esto último fue muy notorio durante el coro, que fue entonado por todos. Y es curioso ver lo que pasa con un corte como este. Es uno de los ‘promedio’ de la última placa y sin embargo la gente se lo sabe de principio a fin, como si fuera un clásico añoso e indiscutido. A esto me refería en los párrafos iniciales: tratándose de Sonata Arctica, la gente disfrutará igual. Pero bien, ¿qué tal un verdadero clásico? ¡Black Sheep! ¡Tremenda composición! Qué años aquellos. Todo un regalo para los que conocimos a la banda en su época inicial, esa más powermetalera. Así pareció entenderlo la audiencia, que ciertamente se volvió loca ante el sorpresivo inicio. Impresionante manera de saltar y encenderse. Excepcionales Elias y Henrik al momento de esos clasiquísimos solos de teclas y cuerdas. ¡Qué monstruos! Perfecta ejecución ahí.

Volvimos entonces al material más reciente, siendo ahora el turno de Alone In Heaven, uno de los buenos cortes que destacamos al momento de reseñar Stones Grow Her Name, y que por cierto por presentada por el buen Sr. Viljanen. Debo reconocer que al momento del comentario en aquella reseña, no se me pasó por la cabeza que este corte pudiese constituir tal acierto en su versión en vivo. Y es que claro, ¡es muy coreable! Tiene una preciosa forma de nutrirse de las voces de los asistentes y resonar furiosa al momento de iniciarse el coro. Ese “Heaveeen!” verdaderamente golpea, se sentía estremeciéndote las tripas. Genial. De modo similar llegó Shitload Of Money, siendo esta vez presentada por el Sr. Klingenberg, qué más que presentar solo gritó “How the fuck are you doing!”, luego dijo quién sabe qué cosa y mientras lo hacía Tommy le daba al bombo para introducir el mencionado tema. Y así, sin más, estaban ya todos saltando y alzando sus puños, un desmadre de proporciones allí en cancha.
Lo siguiente sí que fue toda una sorpresa. Si la memoria no falla, este corte no lo habían tocado en ninguno de sus tres conciertos anteriores en Chile. Y hasta donde sé, tampoco figura en ninguna de los tres discos en vivo. Pero vamos, aún si la han tocado, escuchar temas como The Gun en vivo es todo un placer y siempre es una sorpresa. ¡Colosal canción! Inicia con el potentísimo riff de Elias y de inmediato se suman los demás, y cuando la gente identifica de qué canción se trata libera una ovación instantánea. Y fue bonito ver cómo, a pesar de no ser un elemento recurrente en el reportorio de la banda, y de ni siquiera ser un clásico en su discografía (recordemos que aparece en un EP), la gente la coreó de gran manera. Bien por una audiencia que demostró ser de verdad.
Tony toma la palabra y anuncia que la siguiente es una canción sobre una “historia trágica que cambió la vida de muchas, muchas personas”. Henrik da el vamos y con los inconfundibles acordes de The Day se deja caer sobre el escenario una de las ovaciones más poderosas de la noche. Qué maravillosa canción. Para mí, por mucho la mejor de Stones Grow Her Name, una pieza del más genuino arte. Yo por supuesto, lo que más esperaba de esta presentación era que la tocasen. La atmósfera que se formó fue increíble, muy apropiada para la canción. El aspecto visual, marcado por el juego de luces, fue fundamental aquí. El escenario entero estaba inundado por una luz azul, que daba una sensación de melancolía y tristeza. El silencio propiciado por gente en ciertos pasajes (que se transformaba en abrazador rugido en las partes más fuertes), también ayudó en la conformación de esa atmósfera. Pero sin duda el factor decisivo fue el dramatismo en la interpretación de Tony Kakko. Un maestro. Sus gestos de amargura, los movimientos de sus manos, todo aportaba a la hora de comunicar la amargura de la tragedia narrada. Por otro lado la interpretación vocal fue perfecta. Y el sonido acompañó en todo momento. Ese sonido es fundamental en la segunda aparte de la canción, donde los matices en las voces, las suaves guitarras acústicas, la claridad de las guitarras eléctricas y el trabajo melódico del teclado hacen de The Day la maravilla que es. Ahora, sumen a eso a miles de voces cantando esos versos llenos de sentimiento del final y el cuadro está completo. Simplemente maravilloso.
Tras aquello vino, como era de esperar, un gigantesco aplauso y reconocimiento. En seguida un brevísimo instante de calma, en medio del cual Tony comienza a entonar los poderosísimos primeros versos de I Have A Right, todo con la banda aún en silencio. La gente no sabía si expresar su alegría por tal regalo (porque es una enorme canción, junto con The Day, de lo mejor del disco) a base de gritos o si sumarse al canto a capella de Tony. Terminó siendo una mezcla de ambas. En seguida se sumaron los demás músicos y el estruendo fue increíble, y a partir de allí todo fue grito. Segundos más tardes la gente vuelve en sí y se suma a los cantos de tan excelso estribillo, haciendo de ese momento algo memorable. Muy meritorio el final, sobre todo en las voces, donde Tony se la juega con los altos y termina de romperla. A continuación presentaron una canción que con los años se ha ido ganando un lugarcito en mi corazón, y que por tanto agradecí tanto como el resto de la audiencia: The Last Amazing Grays. Esta es una canción de momentos. Algunos simplemente cimentan las bases para la irrupción de otros que son los verdaderamente geniales. Y bueno, fue realmente sublime ver cómo la gente entregaba la vida para cantar con todo aquellas partes. Y entre medio Kakko se daba el lujo de manejar a la audiencia con el solo movimiento de su manos. Levantaba una, dirigiéndola hacia un sector del teatro y todos allí levantaban sus manos; repetía el procedimiento con otro sector y luego todos juntos. Soberbio pasaje de un extraordinario espectáculo.
Al finalizar ese magistral momento Tony menciona algo sobre Henrik, algo sobre cómo cuando llegó (hace 10 años ya) tuvo que explicarle varias de las canciones, señalando que contarle el significado de la siguiente fue todo un error. La verdad no le entendí mucho porque Tony habla rápido y con un acento algo especial, pero todo eso fue para presentar a uno de los cortes más memorables del Winterheart’s Guild (2003): la excelente Broken. Sonó perfecta, quizás porque es algo más calma y eso permite apreciar mejor los detalles. Por otro lado, la interpretación misma fue genial, casi como sacada del álbum. Las segundas voces de Henrik le daban todo un toque de agresividad y potencia extra. Ni hablar del prodigioso solo de Elias, el tipo de verdad exuda virtuosismo. ¿Y el público? ¡Cómo ponía en el coro! Y lo hecho en el quiebre que sigue a la parte más suave fue algo monstruoso: “Burning feathers, not an angel!, Heaven’s closed, Hell’s sold out” resonó hasta los cielo. ¡Épico!
Y volviendo sobre lo hecho por Elias, era momento de que demostrara aún más su incuestionable talento, de tal suerte que contó unos minutos para poder ejecutar un vanhaleniano solo. Extraordinario el hombre en esa pasada. A continuación, y sin ninguna señal o gesto que te hiciera prever su arremetida, llegó potentísima la siempre popular Paid In Full. Allí la gente volvió a enloquecer. El trabajo melódico en las voces en la parte inicial de este tema es particularmente excepcional, y la gente no defraudó allí. No solo se cantaba alto y con ganas, sino que también con matices. En serio fue algo digno de escucharse. Y ya durante el puente todo era pasión fluyendo desde cancha y galería hacia el escenario, y después, para decirlo simple, una locura. Qué gran canción, y qué formidable respuesta halló en la audiencia. Notabilísimo el solo perpetrado por el gran Henrik, así como la forma en que Elias y Tony juagaban del otro lado del escenario, como si fuera poca cosa. En ese punto el show ya era más que un éxito y ellos y la gente disfrutaban al máximo. Sobre el final el amigo de las luces atina a poner algunos focos sobre el público, como para mostrarle a la banda lo que estaba pasando.
La tonada de un piano daba luces acerca de qué era lo que venía, pero por si a alguien le quedaban dudas, Elias ejecuta un riff que aclaró todo e instaló la alegría, porque se trataba de Losing My Insanity, otro de los grandes cortes de Stones Grow Her Name, demostrando que la selección de los mismos fue pensada con acuciosidad. Qué exquisitas melodías tiene esta canción, ideal para ser cantada en vivo y como tal no podía estar ausente esa noche. Tal cosa fue refrendada por la forma en que fue entonada por el respetable, es decir, de forma absoluta. Te puedes dar cuenta de que una canción es buena cuando -cada individuo- en un recinto la canta, y no solo la mayoría. Al terminar este episodio, Tony conmina a los rudos a salir por un rato a tomarse una cerveza, porque lo que viene no es para la gente ruda. ¿Una balada? Claro que sí, ¿pero cuál de todas? ¡Tallulah! Y apenas asomaron los primeros acordes el griterío por parte de las féminas fue ensordecedor. Algo que en todo caso se repetiría por pasajes de la canción. Ensordecedor fue también el modo en que la gente cantó en esta oportunidad. Se notó que es una de las canciones más reconocidas y significativas de la banda, pues no hubo una sola persona que no la cantara. Conmovedor, por decir lo poco. Todo esto ensalzado por unas luces en tonos púrpura que en su parte más alta se volvían rojas escarlata, ver a Elias interpretando el espectacular solo de la canción bañado en esa luz fue toda una postal. Nada que decir, pura magia nórdica.

Llegaría así otro momento inolvidable. Eso sí, todo precedido por un buen solo de piano (en su teclado, claro) de Henrik. El final del mismo tenía ciertas reminiscencias a la que es quizás la canción más reconocida de la banda, pero no era tal. Luego Tony hace una pausa para agradecer a los fanáticos, en especial a los miembros del Club de Fans. En seguida le da una señal a Henrik y ahora sí éste empieza con la intro de la majestuosa Fullmoon. No sé ustedes, pero esta es mi canción favorita de la banda, y tiene un valor sentimental enorme. Clásico indiscutido, de cabecera, ¡de la vida misma! De esas canciones en que hay que dejarlo todo, romper la voz. Tal cual, así se entonó. Estremecedora escena. Tantos años atrás en el tiempo, tantos recuerdos y gloria contenida en esa composición. Siempre será una bocanada de aire para el espíritu vivir algo así. Eso sí, la tocaron un poco más lento que de costumbre, lo que restó algo de potencia, pero aun así fue un monumental pasaje del show. En seguida habría más espacio para grandes clásicos, y fue entonces la oportunidad de Replica. Antes de ello, habían arrojado una bandera al escenario, Tony la puso sobre la escalera del mismo, justo en el centro. Allí se sentó e inició su canto, la gente lo apoya y algo pasa que le da risa, amagando el comienzo de la canción. Pequeño chascarrillo que genera risas y ayuda a distender el ambiente. Elias se sienta a su lado y ahora sí se inicia Replica. ¡Temón! Poderosísimo eco en el público, ¡coreada de principio a fin!
Ya casi llegando al final se dieron para otro repaso al último disco: ¡Cinderblox! Un corte que, más que bueno, me parece entretenido, por toda la onda media campirana que posee. Esto es solo una opinión, claro. Y más allá de eso, fue bueno poder escucharla en vivo. Gran despliegue técnico y una buena vibra que contagia a los asistentes. Por otro lado, fue muy chistoso ver a Tony bailando a la usanza de la música Country. Pasos bastantes ridículos, pero creo que esa era la idea. Además sirvió para desatar la locura que se había contenido un poco con el tema anterior. Y finalmente llegó una canción que varios habían estado pidiendo, sobre todo hacia el final: Don’t Say A Word. Creo que es un muy corte para cerrar, porque va en la línea de lo logrado por el anterior: desatar toda la energía que pueda quedarle a la gente luego de hora y media de concierto. Y cómo funciona, ¿no? Si hasta dos mosh se pudo ver. Todos saltaban, todos levantaban sus puños y se rajaban las cuerdas vocales gritando el coro. Pura demencia allí. Algo muy digno de un final. Era necesario entregar lo que quedase y así lo hicieron todos. ¡Ajá! ¡Pero faltaba el broche para el final! Uno que se ha venido repitiendo en los conciertos de la banda y que a estas alturas es un clásico: Vodka. Es genial porque todos saben lo que tienen que hacer y nadie falla, todos cooperan para cerrar de gran manera la fiesta. Y de esa forma concluía el cuarto concierto de Sonata Arctica en Chile.
Formidable presentación, muy cargada a los nuevos temas del último disco quizá, pero eso no debe entenderse como un aspecto negativo, porque la selección de temas fue posiblemente la mejor que pudieron realizar, regalando así solo lo mejor del mencionado trabajo. Eso, sumado a una buena batería de clásicos y otros temas pertenecientes a la segunda parte de su carrera completaron un repertorio notable. Sumen a eso un sonido muy bueno (esto dependerá de la ubicación del asistente) y la experiencia riquísima. Pero más aún, sumen a eso una entrega total de la banda y la incondicionalidad de su público y tendrán un evento simplemente inolvidable. Ya está todo dicho: perfecta presentación de los finlandeses. Nadie que haya asistido podría decir lo contrario.
Setlist:
01. Intro
02. Only The Broken Hearts (Make You Beautiful)
03. Black Sheep
04. Alone In Heaven
05. Shitload of Money
06. The Gun
07. The Day
08. I Have A Right<
09. The Last Amazing Grays
10. Broken
11. Solo de Elias
12. Paid in Full
13. Losing My Insanity
14. Tallulah
15. Solo de Henrik
16. Fullmoon
17. Replica
18. Cinderblox
19. Don’t Say a Word
20. Vodka + Outro




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